sábado, mayo 07, 2005

¿orgullo problema un de?

Hubo una vez, hace aproximadamente poco tiempo, un él y una ella. Por casualidades poco relevantes, sumergidos por completo en una noche fría y negra como la oscuridad más inclemente, resultaron confesándose su mutua atracción que, con el pasar de los días, se hacía más fuerte. A partir de esa noche, profunda y callada para los dos solamente, las cosas cambiarían, pero no lo suficiente. ¿Qué pasaba si él decidía partir, de un momento a otro, sin explicar con sinceridad lo que pasaba?, ¿Qué pasaba si en un instante de inseguridad y rabia podría herirla con sus palabras, sus miradas y su indiferencia?. No le importaba, al menos a él. Y a ella, desde el principio, le importó más el daño que con sus falsas ilusiones y sueños irrelevantes podría llegar a causarle a él, sin tan siquiera sospecharlo.
Pasaba el tiempo, lento algunas veces y absurdamente imperceptible otras, hasta que las preguntas iniciales empezaban a responderse por sí mismas. La indiferencia y el dolor se volvían situaciones particularmente constantes en sus vidas. Ella se preguntaba, en medio de noches de llanto y sufrimiento, si realmente valdría la pena luchar y mantener su orgullo femenino en el piso y más abajo como hasta ese momento por él, ese él al que parecía no importarle mínimamente el dolor de ella. Ella, con la rabia y el llanto causado por no poderle hablar ni poderlo abrazar, imaginaba que siempre habría algo por hacer, que sería imposible que todo volara y, en menos de un segundo, pasara a ser una parte invisible más del viento. ¿Debía importarle a ella que él tomara decisiones y que su miedo e inseguridad le obligaran a bajar la mirada y a olvidarla?, ¿debía, acaso, permitir que su razón dominara su emoción y dejarlo partir con infinito dolor?, ¿lo amaba realmente, o todo era un espectáculo más de su extraño corazón y su poca efectiva mente?, ¿Terminaría por importarle a su conciencia que él la hiriese con su silencio y su absurdo y egoísta orgullo?

En vísperas del final más doloroso y melancólico, a ella le importó. Luego partió, ahora para siempre, ocultando su cruel intención de mirar hacia atrás.

todas las figuras que se vuelven hacia mí son las sombras de un hechizo que pasó.

Se escucha Los restos de nuestro amor - Fito Páez